Y fue por la mañana cuando Dios se encontró ante sus doce hijos y plantó una semilla de vida humana en cada uno de ellos. Uno a uno, cada hijo se adelantó para recibir el don concedido.

A ti Aries te concedo mi semilla, el primero, para que tengas el honor de plantarla. Que por cada semilla que plantes un millón mas se te multiplique en tu mano. No tendrás tiempo de ver crecer la semilla, pues cada cosa que plantes creara más que tendrá que ser plantado. Serás el primero en penetrar las mentes humanas con mi idea. Pero tu trabajo no consiste en alimentar la idea ni cuestionarla. Tu vida es la acción, y la única acción que yo te adscribo es la de empezar a hacer que los hombres tomen conciencia de mi creación, en compensación por tu buen trabajo, te concedo la virtud de la Autoestima.

. . . Después, el segundo de sus hijos se adelanto:
A ti Tauro te concedo el poder de convertir la semilla en sustancia. Tu trabajo es grande y requiera paciencia, pues debes terminar todo aquello que haya sido empezado, para que las semillas no se pierdan en el viento. Ni te cuestionaras, ni cambiaras de idea en medio de tu trabajo, ni dependerás de otros para hacer lo que te pido que hagas, a cambio te concedo el don de la Fortaleza y utilizarla sabiamente.
. . . Enseguida el tercero se postró frente al Señor, y a él el Padre le dijo:

A ti Géminis te entrego las cuestiones sin respuesta, para que puedas aportar a todos una comprensión de lo que el hombre ve a su alrededor, nunca sabrás por que los hombres hablan o escuchan, pero en tu búsqueda de las respuestas Hallaras el don que te concedo, el del Conocimiento.

. . . Cuando el cuarto se colocó frente a Él, Dios le habló:

A ti Cáncer te adscribo la tarea de enseñarles a los hombres lo que es la emoción. La idea que tengo sobre ti es que les hagas reír y llorar, de modo que todos ellos vean y piensen que la plenitud se desarrolla desde el interior. A cambio te concedo el don de la Familia para que en plenitud pueda multiplicarse.

. . . Dios se dirigió a su quinto hijo con estas palabras:

A ti Leo te encargo la tarea de desplegar mi creación en toda su brillantez, ante el mundo. Pero debes llevar cuidado con el orgullo y recordar siempre que se trata de mi creación, y no de la tuya. Por que si olvidas eso, los hombres se burlaran de ti. Hay mucha alegría en el trabajo que te encargo si sabes hacerlo bien. A cambio te concedo el don del Honor.

. . . Al sexto de sus amados hijos le dijo así:

A ti Virgo te pido que examines todo aquello que ha hecho el hombre con mi creación, tienes que vigilar agudamente sus formas y recordarles sus errores, de tal modo que a través de ti, se pueda perfeccionar mi creación, a cambio de ello te concedo el don de la Pureza de pensamiento.

. . . Entonces el séptimo hijo dio el paso al frente, y el Señor le dijo:

A ti Libra te encargo la misión del servicio, para que el hombre sea consciente de sus deberes para con otros. Para que sepa lo que es cooperación, así como la habilidad para reflejar el otro lado de las acciones. Te situaré allí donde halla desacuerdo y recompensaré tus esfuerzos con el don del Amor.

. . . Siguiendo al séptimo, el octavo hijo se adelanto:

A ti Escorpio te encargo una tarea muy difícil. Tendrás la habilidad para conocer las mentes de los hombres, pero no te permito hablar sobre aquello que hayas aprendido. En muchas ocasiones sentirás dolor por lo que ves, y en tu dolor te alejaras de mí, y olvidaras que no soy yo, sino la perversión de mi idea lo que está causando tu dolor. Veras tanto al hombre que llegaras a conocerlo como un animal, y lucharas tanto con sus instintos animales existentes en ti mismo, que pedreras tu camino; pero cuando finalmente regreses a mi Escorpión, te concederé el don supremo de la Firmeza.

. . . El noveno de los hijos se acercó al Señor, y a éste le dijo:

A ti Sagitario te pido que hagas reír a los hombres, por que como consecuencia de su mala interpretación de mi idea, se sentirán amargados. Gracias a la risa darás esperanza al hombre, y gracias a la esperanza ellos volverán sus ojos hacia mí. Tocaras muchas vidas, aunque solo sea por breves instantes, y conocerás la inquietud en cada una de las vidas que toques. A ti Sagitario te concedo el don de La Abundancia Infinita para que puedas extenderla con la suficiente amplitud como para alcanzar cada rincón de la oscuridad llevando luz a él.

. . . Al décimo de sus hijos se dirigió con las siguientes palabras:

A ti Capricornio te pido la herramienta de tu frente, para que puedas enseñar a los hombres a trabajar. Tu tarea no es fácil, pues tendrás la sensación de que todos los trabajos descansan sobre tus hombros; pero a cambio del yugo de tus cargas, pongo en tus manos la responsabilidad del hombre, a cambio por tu buen trabajo te concedo el don de la Sabiduría.

. . . Cuando el onceavo de los hijos se inclinó ante el Padre, de éste escuchó:

A ti Acuario te entrego el concepto del futuro, para que el hombre pueda ver otras posibilidades. Tendrás que sufrir el dolor de la soledad, pues no te permito que personalices mi Amor. Pero a cambio de abrir los ojos de los hombres a nuevas posibilidades, te entrego el don de la Libertad para que con ella puedas seguir sirviendo a la humanidad cada vez que ésta lo necesite así.

. . . Finalmente, el doceavo y mayor de los hijos se adelanto:

A ti Piscis te encargo la tarea más difícil de todas. Te pido que recojas todas las penas de los hombres y me las devuelvas a mí. Tus lagrimas serán en último termino mis propias lágrimas. La pena que absorberás será el efecto de la mala interpretación que pueda hacer el hombre de mi idea, pero tu le ofrecerás la compasión suficiente como para que vuelva a intentarlo. A cambio de esta, la tarea más difícil de todas, te concedo también el mayor don de todos, serás el único entre mis doce hijos en comprenderme. Pero este don de la Comprensión sólo es para ti Piscis, por que cuando intentes comunicar al hombre éste no te escuchará.

Después Dios dijo:

Cada uno de vosotros participa de una parte de mi idea. No debéis confundir esa parte con la totalidad de mi idea, ni tampoco debéis desear intercambiar partes entre vosotros. Porque cada uno de vosotros es perfecto, pero eso es algo que no sabréis hasta que los doce seáis uno solo. Porque sólo entonces se revelará la totalidad de mi idea a cada uno de vosotros.

Y los hijos se marcharon, cada uno decidido a hacer su trabajo lo mejor posible para poder recibir así su don. Pero ninguno de ellos comprendió por completo ni la tarea a realizar ni el don a recibir, y cuando, extrañados, regresaron, Dios dijo:

– Cada uno de vosotros creéis que los dones de los demás son mejores. En consecuencia, os permitiré cambiar.

Y, por el momento, cada hijo se regocijó al considerar todas las posibilidades de su nueva misión. Pero Dios sonrió y dijo:

– Regresaréis a mí muchas veces, pidiéndome que os alivie de vuestra misión y en cada ocasión yo os garantizaré el cumplimiento de vuestro deseo. Pasaréis por incontables encarnaciones antes de completar la misión original que os he prescrito. Os concedo un tiempo incontable para hacerlo, pero sólo cuando esté hecha podréis estar conmigo.
Autor Martín Shulman