“La gratitud abre la totalidad de la vida, transforma lo que tenemos en suficiente, y aun más. Transforma la negación en aceptación, el caos en orden, la confusión en claridad… La gratitud le da sentido a nuestro pasado, nos trae paz a nuestro presente y crea visión para el mañana.”    

Melody Beattie

 

 Desde pequeña me enseñaron dos expresiones mágicas: por favor y gracias. La primera se nombraba en ese momento justo en el que necesitaba de algo y en solicitud de él;  la segunda cuando ya lo había recibido. Y dentro de estas dos palabras la que dijeron siempre ser la más mágica era gracias.

Yo no comprendía de dónde surgía su magia. Incluso siendo adultos muchos no lo comprendemos. Simplemente nos hemos dejado llevar como autómatas y la expresamos ya por costumbre, casi de manera instintiva porque obedece a un convencionalismo social de cortesía y cordialidad que seguimos enseñando a nuestros hijos. 

Sin embargo, no somos conscientes del valor de la expresión porque se ha quedado en sólo eso: una expresión, simples sonidos que forman una palabra que sale de nosotros, como si de un tiro al aire se tratara. Y hoy ya no hacemos sólo un tiro sino que por traer el poder de 3, número perfecto e inalterable (padre, hijo y espíritu santo; cuerpo, mente y espíritu; sólido, líquido y gaseoso; pasado, presente, futuro), lo decimos al aire: gracias, gracias, gracias.  

Gracias. ¿Pero gracias de qué? ¿Qué se ha “recibido”? ¿Qué he solicitado? ¿Qué se me ha concedido a favor? Aquí hay un primer dilema y es que siempre damos las gracias no sólo de manera autómata sino que además lo hacemos ante eventos o situaciones que surgen de “un favor” o de la generosidad de otra persona al darnos un regalo o una oportunidad o de habernos prestado un servicio que le solicitamos. Es decir que damos las gracias a nuestro semejante de acuerdo a qué tanto nos favorece y como retribución de haberlo hecho. 

Pero ¿es verdaderamente una expresión sincera o simplemente se limita a la cortesía social que nos han inculcado? ¿Acaso para dar las gracias depende del exterior, de las acciones de los otros?

¿Dónde queda entonces la magia del dar las gracias?

Si algo he aprendido hasta hoy es que la magia existe y se produce en ese instante en que la palabra, la emoción y la mente (nuevamente el poder del 3) son unificadas  de manera continua en el espacio tiempo, se sienten y dan sentido y dirección a lo dicho. Es aquí donde se vuelve consciente y se desencadenan los milagros, la divinidad se expresa y surge la verdadera magia. 

Así que el mero hecho de expresar las gracias sin sentirlas y de manera automática no va a producir ningún efecto en nuestra vida más allá de no pasar por descorteses. 

En ese instante en que tomamos consciencia de sentirnos agradecidos es cuando la magia comienza a tomar forma; es un paso más adelante donde la expresión y la emoción ya están conjugadas y definitivamente comienza a traer cambios en nuestra vida. 

Sin embargo este segundo paso a lo que nos lleva es a ESTAR agradecidos, algo que sucede en un instante, en un momento determinado, en un suspiro. La emoción existe pero es efímera, es una satisfacción momentánea y se desvanece rápidamente en el aire.  Aún falta ese halo que deja producir la verdadera magia. 

Como seres humanos siempre queremos más, nunca nada es suficiente y al alcanzar algo de lo que deseamos surgen nuevos anhelos. Estamos siempre buscando satisfacernos. 

Se dice que esto proviene desde nuestros más antiguos ancestros pues el hombre primitivo vivía en escasez de recursos y en busca de su sobrevivencia siempre procuró acumular al máximo. Y esta es la principal razón por la que nunca nos sentimos satisfechos, felices y agradecidos; siempre estamos pensando en aquello que NOS HACE FALTA. 

Es decir que la MENTALIDAD DE ESCASEZ se encuentra muy arraigada en cada uno de nosotros; está allí para protegernos y ayudarnos a sobrevivir; es un miedo primitivo que nos impulsa a ser acumuladores, nos incita a pre-ocuparnos, a vivir en el futuro y hace que el sentirnos agradecidos por los beneficios que recibimos sea algo pasajero.

Así que no es extraño que cada ser humano traiga en él un programa de escasez en su mente, de vivir en un mundo finito donde no hay suficiente para todos, por lo que hemos de recurrir a la competencia para lograr nuestros recursos en un mundo limitado. 

Lo hemos aprendido de nuestros padres, de nuestra sociedad, de nuestros ancestros. Y al mantenernos en esta actitud constantemente caemos en el estrés, la confrontación y el querer ganar, incluso pasando por encima del otro, lo que nos hace a su vez vivir mentalmente en el pasado, ya sea añorando una “mejor época” o recordando heridas y sufrimientos ya pasados que deseamos prevenir. 

Y para cambiar esta percepción lo que hemos es de transformar nuestra mentalidad de escasez a una MENTALIDAD DE ABUNDANCIA, donde hay suficiente para todos, los resentimientos, los juicios y las críticas hacia el otro desaparecen y la competencia se transforma en cooperación. 

Esta es una mente que hemos de cultivar continuamente, para poder superar los programas limitantes que llevamos en nuestra psique. Para ello hemos de vivir en el PRESENTE y dejar el ruido de la mente recordando el pasado o pensando en un futuro incierto.  

Esa insatisfacción de aquello que nos hace falta o aquello que ya no tenemos la hemos de reemplazar por conectarnos con aquello que SÍ TENEMOS. Y si pretendemos pensar en el pasado es única y exclusivamente para hallar aquellas cosas que agradecemos, bendecirlas  y exaltarlas porque ellas son parte de nuestro presente. 

Incluso esas situaciones más duras y complicadas, aquellas personas que sentimos de alguna manera nos hirieron más, pues de ellas algo positivo y propositivo hemos de haber aprendido, de lo contrario seguirán ocurriendo situaciones similares que nos traerán a colación justamente esos aprendizajes que quedaron estancados en el camino.

 

Siempre hemos de estar enfocando nuestra mente y manteniendo una actitud positiva y proactiva que genere sentimientos agradables. Y es aquí, con la práctica continua, donde el ESTAR agradecido se convierte en SER agradecido y nace la verdadera GRATITUD. 

Si nos ponemos a analizar etimológicamente “la palabra gratitud proviene del latín gratitudo, término que a su vez se forma de la raíz gratus, que significa ‘agradable’ y el sufijo tudo que expresa cualidad.”

Así que la gratitud es una cualidad que cultivamos en la medida en que la practicamos. Y como la práctica hace al maestro, entre más la practiquemos, más encontraremos aquello de qué estar agradecidos. 

Agradecidos por todo aquello que nos rodea, por las enseñanzas, por las vivencias y paulatinamente lo vamos convirtiendo en una práctica constante que convierte nuestra vida en una oda a la “gratitud”, convirtiéndose en parte de nuestra esencia que es capaz de conectarnos con todos los dones y bendiciones que el Universo nos otorga. 

Dejamos de vivir en la conexión exclusiva con el exterior, dejamos de vivir en esa búsqueda incansable de la felicidad desde el exterior para abrir nuestro corazón en total presencia, recordándonos que la felicidad está en nuestro interior y aquí sí inicia la magia y hemos dado un enorme paso para vivir en el AMOR donde el mundo es un campo rico de posibilidades, dejando atrás los límites.

Gracias 

por todo lo que soy.

Gracias 

por todo lo que tengo.

Gracias 

por todo lo bueno que ahora fluye hacia mí. 

 

ORACIÓN BUDISTA DE AGRADECIMIENTO

 

Agradezco a aquellos que me han herido, me han causado desasosiego o me han dañado, porque han reforzado mi determinación.

Agradezco a aquellos que me han contradicho, porque han profundizado mi conocimiento.

Agradezco a quienes me han golpeado, porque se han reducido mis obstáculos kármicos.

Agradezco a quienes me han abandonado, porque ellos me han enseñado el desapego y a ser independiente.

Agradezco a los que me han hecho tropezar, porque han fortalecido mis capacidades.

Agradezco a aquellos que me han ignorado, porque han aumentado mi autosuficiencia.

Agradezco a los que me han juzgado y acusado, porque han aumentado mi sabiduría y concentración.

Agradezco a quienes me han querido, porque son los que me mantienen amándome a mi misma.

Agradezco a todos los que me han hecho firme y decidida, porque han ayudado a acercarme cada día más a mis logros y a Dios.

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